Por Gonzalo Figueroa

Los equipos chilenos de clubes que participan en los torneos internacionales son ocho. La cifra ya es motivo de cuestionamiento en redes sociales y en parte de la prensa especializada, dado el poco auspicioso comienzo de Wanderers y Universidad de Concepción en la Copa Libertadores (empate a uno frente a Melgar en Valparaíso; y derrota 0x4 ante Vasco da Gama en Concepción, respectivamente).

El campeonato arrancó de buena manera, pero los grandes no brillaron (pese a las victorias de Colo Colo y Universidad Católica). No obstante, hay un tema que, aunque está en razonable stand by, nunca se agota y hoy da cierta luces de esperanza:la selección nacional.

La “roja” no tendrá compromisos relevantes en el corto plazo, sí hay algunos amistosos con selecciones europeas de respetable nivel que jugarán el mundial. Conforme a la ecuación calidad-cantidad, no es lo aconsejable por ahora, pero al menos los pleitos están programados.

El entrenador del combinado nacional, Reinaldo Rueda, tendrá la ocasión frente a daneses, suecos y polacos de probar a los consagrados, como Arturo Vidal, Alexis Sánchez (la gran adquisición del Manchester United) y Claudio Bravo, entre otros; y, a su vez, probar a los postulantes del “recambio generacional”. Óscar Opazo y Brayan Véjar de Colo Colo; Jaime Carreño y David Llanos de Católica; Luis Pavez, Gary Tello y Misael Dávila en Unión Española, conforme a los recientes desempeños de sus equipos, debiesen haber sido objeto de observación de parte del entrenador caleño. Quedarán para el misterio hasta que se les vea más en juego, César Pinares, de los albos; y Ángelo Araos, Franz Scultz y Felipe Saavedra de Universidad de Chile.

Evidentemente el técnico tendrá más tarea: observar a la mayor cantidad posible de jugadores y analizar, discernir y, lo que es más relevante todavía, detectar funcionalidades y potencialidades pensando en la forma de juego que desea imprimirle a la selección.

No está de más señalar que, pese a lo mañoso del concepto de recambio (por lo reiterativo) hay jugadores que ya han pasado el umbral de los 25 años y que bien pueden ser parte y estar perfectamente disponibles para las clasificatorias a Qatar 2022.

Desde Bielsa pero con guiños del recordado Riera

Lo fundamental: desde Marcelo Bielsa en adelante (han transcurrido 11 años) la “roja” ganó en algo elemental, que es un sello, un estilo propio, basado en la planificación, en lo metódico y en frontalidad del juego, cimentada en lo colectivo, la paciencia y, por cierto, en las genialidades individuales. ¿Al debe? Sin duda que hoy la disciplina es la parte deficitaria.

Rueda, cuya seriedad está avalada por múltiples declaraciones y un respetable palmarés, podrá darle un matiz diferente, pero lo relevante es que hay una continuidad de concepto. Fernando Riera, quien fue el coach de la selección del 62, llevó a una selección nacional a practicar el profesionalismo al mayor vuelo.

El entrenador chileno introdujo una metodología europea, fundamentada en una exigencia física mayor, el descarte de toda práctica extra futbolística cuestionable y, en la cancha, el aporte de un mayor ritmo y movimientos constantes. El tercer lugar del mundial efectuado en Chile no fue obra de la casualidad.

Si bien es cierto de ahí en adelante irrumpieron generaciones con muchas figuras interesantes, estás no siempre estuvieron al unísono con buenas campañas. Recién 50 años después, con la llegada del rosarino y ex entrenador de la selección albiceleste, nuestro representativo recuperó esa carta de navegación que, de alguna manera, puso en acción Riera, aunque todos los entrenadores desde 2007 en adelante hayan sido extranjeros.

Jorge Sampaoli fue su discípulo más aventajado y, si bien es cierto Claudio Borghi y Juan Antonio Pizzi tuvieron altibajos, al menos mantuvieron el sello aludido. Será el desafío de Rueda: mantenerlo y mejorarlo. ¿Los objetivos en el lapso de cuatro años? El tricampeonato de la Copa América (me permito incluir la Bicentenario) pensando en Brasil 2018 y, evidentemente, clasificar para Qatar 2022.