La riqueza semántica, polisémica de nuestro hermoso idioma español es inmensa. La última edición del Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua ( RAE ), incorpora múltiples nuevas voces, nuevas acepciones.
Si en cada hogar hubiese un diccionario, y el buen hábito de consultarlo, muy distinta sería nuestra habla y, también nuestra mejor calidad de vida como ciudadanos. Esto porque así como hablamos, así es también nuestro pensar; y así como pensamos, es también como vivimos.  

Hurgar es un verbo de uso no frecuente, que como otras palabras tiene varias acepciones. Una de ellas dice con el verbo escarbar, palabra esta que significa ” inquirir curiosamente lo que está algo encubierto y oculto, hasta averiguarlo “, por esa razón el rótulo de esta columna.

Entonces, si hurgamos descubrimos. Si hurgamos hallamos. Si hurgamos aprendemos, sabemos. Debiera ser una norma, desde la temprana escuela para el mejor aprendizaje, para el mejor saber. Buen principio es el que dice que el mejor estudiante es el que más pregunta, y a la vez el que más pregunta a sí mismo.

En nuestro microcosmos verbal chileno asistimos a una verdadera tragedia, a un estado de indigencia. Lo prosódico del idioma es uno de sus aspectos, lo semántico es otro. El habla diaria nos retrata, también nuestras lecturas, y lo que escribimos. Existe un verdadero maltrato al idioma, decir que la lengua española decae hasta la estupidez por obra de faranduleros – de charlatanes – es todavía expresar casi nada. Ni hablar de los espantosos injertos lingüísticos foráneos de los que hacen gala ciertos personajes en los medios de prensa, también algunos ciudadanos y estudiantes. Para qué decir de los nombres de ciertos colegios.
En rigor, tenemos que corregirnos. Se lee escasamente, y no se comprende lo poco que se lee, por lo tanto la tragedia es doble. Lo primero que hacer es enseñar a leer, porque deletrear es otra cosa. Chile necesita en ese campo pedagogos de excelencia. El tiempo de los autodidactas, salvo muy escasas excepciones, ha llegado a su fin.
Hablar, decir desde la ignorancia es fatal, y más todavía desde la supina ignorancia.

Carlos Poblete Ávila

Profesor de Estado