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Por Esteban Vilchez C.

Si usted es rematadamente derechista y cree que tiene razón don Choclo Délano cuando se quejaba de que lo persiguieran judicialmente si da tanto trabajo a los chilenos; o que Luksic, Piñera, Angelini y otros son sacrificados empresarios merecedores de admiración por el duro trabajo – propio, no el de sus empleados – con el que han amasado sus fortunas; si a usted le parece que los pobres lo son porque son flojos y que sería buena idea meter balas en La Araucanía o militarizarla, como sugirió Ossandón y promovía Kast; si le parece que las AFP son un buen sistema, un Mercedes que no tiene bencina a causa de que los chilenos sacan la vuelta y son desorganizados; si Ud. comparte con Piñera o con Axel Kaiser que la educación es un bien de consumo, una mercancía; si Ud. cree que el que tiene más dinero tiene por ello derecho a mejores cirujanos y tratamientos; si Ud. cree que el matrimonio entre personas homosexuales es un desafío a la “naturaleza humana” – que solo algunos, entre ellos usted, conoce –y un serio riesgo de extinción de la raza humana por su innegable vinculación con el inmediato descenso de coitos entre los demás; en fin, si a usted le gusta la derecha y sus valores, ni siquiera siga leyendo, salvo que tenga una mente extraordinariamente abierta y se sorprenda y nos deje a los demás de una pieza por esa apertura.

No, esto lo escribo para el izquierdista convencido, para el frenteamplista y para quienes, como yo, soñábamos – y soñamos – con Beatriz en La Moneda. Quiero explicarles, con mis naturales limitaciones, por qué, por esta vez, hay que desoír a Beatriz y, en lugar de una tibia decisión acerca de qué hacer el 17 de diciembre, debemos levantarnos y correr a la urna a dar el voto a Guillier con total convicción.

Comenzaré con una concesión para facilitar el discurso, asumiendo que hablo a un público profundamente anticapitalista y que entiende el imperio del dinero como un desintegrador de la bondad. Digamos que Piñera es un capitalista agudo, uno que nos hará retroceder en la búsqueda de una sociedad justa y solidaria. Y digamos – y esta es la concesión – que Guillier no es un señor de centro izquierda, sino otro capitalista, pero moderado, uno que nos dejará en donde estamos, en el mismo lugar, estancados.

Ahora imagine que usted es un médico llamado a socorrer a un infartado. El paciente, cuya vida depende de usted, está a 10 kilómetros de distancia y tres ambulancias le ofrecen cosas distintas. La primera, lo lleva a toda velocidad hasta el destino, en 4 minutos; la segunda, le ofrece llevarlo a destino en 8 minutos, pues los primeros 4 debe usarlos en mantener el motor funcionando para que se caliente y pueda responder adecuadamente; y la tercera le señala que lo llevará en dirección contraria a su destino, alejándose del paciente. Mientras usted alegremente ha decidido subirse a la primera ambulancia, el chofer se da vuelta y le dice que debe bajarse, porque le faltan 2 litros de bencina para llegar a destino y que, si quedan a mitad de camino, simplemente no llegará a tiempo a atender al paciente. De modo que solo le quedan dos de las tres ambulancias. Un médico amante de la vida y que gusta de las decisiones racionales, se subiría a la segunda ambulancia, esperaría los 4 minutos que requiere la puesta en marcha del motor y continuaría a buscar al paciente. Serán 8 minutos hasta llegar a él, pero eso es mucho mejor y más racional que tomar la ambulancia que va en sentido contrario.

Es fácil, ¿no? Beatriz es la primera ambulancia y Piñera la tercera. Los 4 minutos que debemos esperar son los 4 años que Beatriz o el Frente Amplio esperarán hasta competir de nuevo por La Moneda. ¿Le parecería razonable subirse a la tercera ambulancia y alejarse del paciente? ¿Le parece moralmente correcto alejarse del objetivo de salvar la vida y tener que, desde ese alejamiento, empezar el camino?

Cuando se trata de escoger la ambulancia, la mera pasividad puede asegurar que nos convirtamos todos en un grupo de médicos que terminamos arriba de la tercera ambulancia, alejándonos de nuestro paciente, alejándonos – entiéndase – de nuestro Chile justo y solidario. Si usted es el director del Hospital, el líder en quien buscan respuestas o buenas sugerencias, ¿qué diría? Podría decir: “Elija la ambulancia en conciencia”; o decir, decididamente: “Doctor, o doctora, por favor, súbase a la segunda. No es el ideal, es lenta, estará cuatro minutos atascado, pero es mucho mejor eso que alejarse de su paciente”. ¿Cuál cree usted que es la mejor respuesta?

Si uno es un retroceso en la justicia y la solidaridad y el otro nos deja en donde estamos, quedémonos en donde estamos para que el camino hacia esa justicia y solidaridad no empiece desde tan lejos, desde el páramo en que nos dejará Piñera. Y debemos asegurarnos de eso votando y votando por Guillier. Y eso no es traicionar al Frente Amplio ni sus propuestas, sino mostrarlo racional, inteligente y como un buen médico. Porque el que quiere avanzar cuando menos se asegura – es decir, no deja esto librado a la suerte – de no retroceder. Asegurarnos de que no nos alejemos de la justicia, quedarnos al menos en el mismo lugar, es lo intelectual y moralmente correcto. Y abogar por eso es ejercer un liderazgo válido y necesario. Un Chile tan justo y necesario como el que queremos no significa Guillier, pero no alejarse tanto de él sí significa Guillier hoy.