Día: 31 mayo, 2017

La óptica de Carmen Berenguer

Por Serafín Alfsen-Romussi Pascal Quignard se pregunta: ¿para qué escribir? Y se responde a sí mismo: para no vivir muerto. Intuyo que esta respuesta cifraría de alguna manera el paradigma poético de Carmen, y hasta podría sintetizar su fundamento biográfico: una mujer poeta machi chilena que ha vivido una vida profundamente viva. Y para ser honestos, dentro del imperio de la enajenación cotidiana, creo que muy pocos seres humanos tendrían el derecho o la facultad de integrar tan selecto grupo de espíritus, los que han vivido no muertos, y Carmen ha vivido y desvivido por la vitalidad esencial de...

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Crítica de Borges a Orson Welles y respuesta

Borges escribe esta crítica cinefila siendo muy joven,  26 años de edad. El texto fue publicado en la Revista Sur Nº 83, edición perteneciente al mes de agosto de 1941. He aquí el texto: Citizen Kane (cuyo nombre en la República Argentina es El Ciudadano) tiene por lo menos dos argumentos. El primero, de una imbecilidad casi banal, quiere sobornar el aplauso de los muy distraídos. Es formulable así: un vano millonario acumula estatuas, huertos, palacios, piletas de natación, diamantes, vehículos, bibliotecas, hombres y mujeres; a semejanza de un coleccionista anterior (cuyas observaciones es tradicional atribuir al Espíritu Santo)...

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La aventura de un matrimonio

Italo Calvino El obrero Arturo Massolari hacía el turno de noche, el que termina a las seis. Para volver a su casa tenía un largo trayecto que recorría en bicicleta con buen tiempo, en tranvía los meses lluviosos e invernales. Llegaba entre las siete menos cuarto y las siete, a veces un poco antes, otras un poco después de que sonara el despertador de Elide, su mujer. A menudo los dos ruidos, el sonido del despertador y los pasos de él al entrar, se superponían en la mente de Elide, alcanzándola en el fondo del sueño, ese sueño compacto...

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El último cliente de la noche

Marguerite Duras La carretera atravesaba la Auvernia y el Cantal. Habíamos salido de Saint-Tropez por la tarde, y condujimos hasta entrada la noche. No recuerdo exactamente qué año era, fue en pleno verano. Lo conocía desde principios de año. Lo había encontrado en un baile al que había ido sola. Es otra historia. Quiso parar antes del amanecer en Aurillac. El telegrama había llegado con retraso, había sido enviado a París, y luego reenviado de París a Saint-Tropez. El entierro debía tener lugar al día siguiente, a última hora de la tarde. Hicimos el amor en el hotel «Aurillac»,...

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