El Fanta: eléctrica adición a la violencia

Esta historia podría ser real. Hace un par de años realizaba una investigación sobre el periodista chileno Elmo Catalán y contacté un socialista que había tenido vínculos tangenciales con los helenos. Nos reunimos en el paradero 14 de Vicuña Mackenna, en una mítica «picada» de esa zona, dialogando largo y tendido, entre tinajas de chicha y olor a pernil, sobre aquella época a fines de los 60. En un instante la conversación se nos fue de las manos, desviándose sobre el mal y la perversión de algunos agentes de la DINA y la CNI. Y en ese instante apareció por arte de magia el Fanta, Miguel Estay Reyno. Mi fuente lo había conocido a comienzos de los 80 durante una breve etapa de crisis económica que vivió la CNI y por ende Estay Reyno. Habían trabajado juntos. Cómo llegó ahí y el por qué nadie lo sabe a ciencia cierta. Fueron unos meses en los que el Fanta se desempeñó en una negocio de implementos eléctricos en calle San Pablo. Su función, más que atender, era ser el control de la mercadería que ingresaba y los cheques con que pagaban empresas y particulares. Estay Reyno era un dependiente responsable que cumplía su labor con rigor sin meterse demasiado con los demás empleados. Conversaba y se reía de las bromas pero manteniendo una distancia que impedía ahondar en detalles personales....

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