Mar muerto

Fotos y texto de Sebastian Henríquez Pérez El archipiélago de Chiloé, en el sur de Chile, cambió la cara. De ser un paraíso para sus habitantes y turistas, se transformó en un territorio en crisis luego que empresas salmoneras vertieron en el mar nueve mil toneladas de salmones descompuestos contaminando toda la zona, lo que, a su vez, generó una mortandad de la fauna marina. El archipiélago siempre ha estado desprotegido y aislado física y políticamente; pero hoy más que nunca. Chiloé, cuyo significado del mapudungun es lugar de gaviotas, fue descubierto por Francisco de Ulloa en 1553 siendo posteriormente bautizado como Nueva Galicia. Pero los conquistadores españoles no estaban solos: entre medio de los robles y arrayanes cerca de 30 mil chonos y huilliches los estaban mirando. Sorprendidos, los indios, observaron cómo los españoles quemaban parte de los bosques. Fue la primera gran destrucción de su entorno en una larga lista que se mantiene hasta pocas semanas atrás. Chiloé, abril del 2016 Un rostro curtido por la salinidad y el viento. La piel oscurecida por el frío madrugador y el esquivo sol otoñal. Surcos, cauces, líneas en el rostro de quienes han tratado de imaginar aquello existente más allá de la línea del horizonte. Es la vida de los pescadores y mariscadores chilotes. Las manos ásperas de tanto recoger redes, lienzas y buscar en las profundidades a tientas...

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