El Frente Sur y la ofensiva final del 79
(Remembranzas de hace 35 años).

Por Orient Bolívar Juárez

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Sin duda uno de los hitos más grande de la Guerra de Liberación Nacional de Nicaragua fue la Ofensiva Final que lanzó el Frente Sur “Benjamín Zeledón” dirigido por el comandante Edén Pastora, el 28 de mayo de 1979 y que hizo posible la huelga general definitiva y el estallido de la insurrección nacional que culminó con la caída del régimen somocista y el triunfo popular del l9 de julio de 1979.

Pese a las heroicas y audaces acciones militares llevadas a cabo desde 1977 por el FSLN histórico y las fuerzas populares nicaragüenses en el marco de la estrategia insurreccional, la Guardia Nacional somocista se  mantenía firme en lo militar y su capacidad de maniobra hasta ese momento le habían dado resultado en cuanto a que había podido sofocar desde el 78, cada una de las insurrecciones, mediante la concentración de fuerzas, primero en una ciudad y después en otra y así sucesivamente como aconteció en Estelí, Matagalpa, Chinandega, León.

Aparte de ello, el ejército de Somoza y su fuerza élite, la EEBI, pese a los  duros reveses sufridos por sus tropas en los distintos campos de batalla, habían logrado asestar también sensibles golpes a las fuerzas anti-somocistas, que la hacían sentirse “invicta” y “victoriosa”, como el golpe perpetrado el 16 de abril del 79 en el Reparto Veracruz de León, donde caen los principales dirigentes del Frente Occidental; el golpe en Jiloá, Managua, el 12 de mayo, donde cae Cristián Pérez; el aniquilamiento casi total de la Columna “Jacinto Hernández” en Nueva Guinea, hacia el 17 de mayo del 79 y por último, se apuntó la muerte del jefe del Frente Norte, comandante Germán Pomares en Jinotega, el 24 de mayo del 79.

Obviamente todas estas circunstancias hacían muy difícil que el Frente Norte o los frentes Occidental, Oriental o Central, pudiesen lanzar una ofensiva de gran envergadura como se necesitaba, es decir, que tuviese la capacidad militar y el potencial de fuego suficiente como para atraer a la Guardia, mantenerla empantanada por el tiempo necesario en una guerra de posiciones que permitiera al resto del país y demás fuerzas rebeldes, reagruparse, oxigenarse, maniobrar y lanzarse de nuevo a la ofensiva para asestar el golpe final a la dictadura y tomar el poder. Ese rol decisivo y determinante para la victoria, le tocó jugarlo al Frente Sur “Benjamín Zeledón” por ser el frente de guerra mejor armado, entrenado y organizado militarmente, con características de ejército que incluso dio apoyo con armas y hombres a otros frentes, en ocasiones por medio de su pequeña y audaz Fuerza Aérea y transmitió a toda la población, la propaganda, agitación y dirección de la lucha popular, mediante Radio Sandino, de modo que la batalla decisiva contra la dictadura somocista en el 79, fue puesta en sus manos y en el coraje y el heroísmo de sus combatientes y jefes guerrilleros.

Se sabe que originalmente la misión de lanzar la ofensiva final se le había asignado al Frente Norte con Pomares a la cabeza, pero el plan se truncó con su caída en Jinotega, de modo que el único frente de guerra que podía cumplir esa misión a lo inmediato era el Frente Sur y así ocurrió cuatro días después de la muerte de Pomares. La Ofensiva del Frente Sur se lanzó, en una primer etapa, por dos direcciones: una penetrando una fuerza a profundidad hasta la ciudad de Rivas que dirigió el comandante “Exequiel” (Álvaro Diroy Méndez) y la otra, fue el avance de todas sus fuerzas y medios por El Naranjo y la famosa “Colina 155”, para luego seguir, como se había previsto,  por la dirección del Ostional-San Juan del Sur-Rivas.

Al despuntar el día lunes 28 de mayo, las posiciones del Naranjo y la “Colina 155”fueron ocupadas por las columnas “Ricardo Talavera Salinas”,“ Oscar Pérez Cassar” y “Eduardo Contreras Escobar”, dirigidas por “Andrés” (Álvaro Ferrey) “Federico” (Mario Avilés) y “Emilio” (Javier Pichardo), respectivamente. En la retaguardia tomó posición la Columna “Iván Montenegro” dirigida por “El Majón” (Benedicto Meneses).

Fueron 13 días de intensos combates, día y noche, varios de ellos bajo fuertes aguaceros, tormentas y bombardeos. En la “Colina 155” se liberaron una de las batallas más cruentas y heroicas de esa etapa de la ofensiva final; ahí se luchó en una guerra de posiciones por aire, mar y tierra y se enfrentó a lo mejor de la guardia somocista, apoyada por mercenarios extranjeros que intentaron tomarse la colina en varias ocasiones, infructuosamente. La “Colina 155” fue el Dien Bien Phu de la Ofensiva Final en la Guerra de Liberación Nacional de Nicaragua y su asedio y asaltos fallidos de parte de la guardia somocista, así como su defensa heroica a sangre y fuego por parte de los combatientes del Frente Sur, ocuparon las primeras planas de los diarios de varios lugares del mundo y levantaron hasta lo más alto,la moral combativa y la admiración de todo el pueblo nicaragüense.

En la “Colina 155”se llenaron de gloria muchos combatientes nicaragüense e internacionalistas, así como los jefes de las tropas, pelotones y escuadras que ahí lucharon al grito de ¡Patria Libre o Morir!, entre ellos: “el comandante Emilio”, “Jerónimo” (Carlos Duarte), “Baltazar” (Orient Juárez), “Fernando” (Alejandro Guevara), “Laureano” (Laureano Mairena) y “Roger” (Ricardo Vargas), así como “Pardillo”, “El Tigre”, “Paco”, “el Che Carioni”, Pedro El Español”, “El Suizo”, “Fitz, el alemán”, “Eugenio”, “Bonanza”, “Sherman”, “Capaperro”, “Nacho”, el artillero mayor “don Edgar” (Edgar de Souza) y las compañeras “Marillona”, Lilí” “Elizabeth”, “Karla” y “Juanita, la tica”, entre otros.

Asimismose destacaron en El Naranjo y Los Mojones, los comandantes: “Andrés” (Álvaro Ferrey), “Federico” (Mario Avilés), “El Majón” (Benedicto Meneses) y “Wachán” (Sebastián González), junto a los jefes de tropa:“Andrés” (Francisco Grillo), “el Chaparro Emiliano”, “Lenin”, “Zenón”, “Benito”, “Inti”, “Camilo”, “Cali”, “Johnny” y “Macho”, entre otros compañeros.

Igualmente cabe reconocer ahí, la participación del internacionalista panameño Hugo Spadafora (“Ramón”), jefe de la Brigada “Victoriano Lorenzo”, así como la de otros muchos internacionalistas y de aquellos combatientes que estuvieron a cargo de la Retaguardia y que jugaron un rol vital para el sostenimiento de la ofensiva ya sea en la logística, abastos, armamento, transporte, puesto médico, prensa y propaganda, etc., como “Amílcar”, “Adán Luis”, “Mauricio I, “Sotolongo”, “Emiliano” y los doctores Jaime González, Fernando Martínez,  Pepe Gallego y Alberto Sandoval, entre otros.

La segunda y última etapa de la ofensiva final, se lanzó en la mañana del día viernes 15 de junio por Peñas Blancas y Sapoá, tan solo 6 días después de la retirada por El Naranjo y Los Mojones. Peñas Blancas, habilitado como aduana el 20 de marzo de 1950, se había convertido para entonces en un activo pueblo fronterizo de mucha actividad comercial, migratoria y de tránsito internacional, con diversas instalaciones, tiendas libres, bodegas de agencias aduaneras, oficina de migración, comando militar y numerosas casas de habitación. Dada su ubicación, en el borde fronterizo con Costa Rica, ya había sido objeto de varios ataques y frecuentes hostigamientos. Pero esta vez fue la definitiva ya que en menos de dos horas la Guardia fue derrotada, su comandante, “El Diablo Morales”, capturado,  y jamás la guardia volvió a poner sus botas opresoras en ese lugar.

En esta segunda fase de la ofensiva final el Frente Sur dio un salto cualitativo en cuanto a su capacidad de maniobra, armamento y tropas ya que, previo a los ataques, se le incorporaron varias baterías de artillería pesada, con cañones de 75 mm y morteros de 82 y 120mm que al amanecer de ese día memorable 15 de junio, hicieron su bautizo de fuego sobre Peñas Blancas y Sapoá. Después llegaría a tener ametralladoras antiaéreas “cuatro bocas”. Asimismo se sumaron a sus fuerzas un contingente de internacionalistas chilenos (especialistas en artillería) que se habían preparado en las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba (FAR), entre los que figuraban “Antonio”, “Leonardo”, “José” y “Manuel”, entre otros. También llegaron con ellos algunos asesores cubanos.

En total fueron seis columnas las que avanzaron en este nuevo teatro de operaciones y sobre las cuales recayó la responsabilidad de la nueva etapa ofensiva: la primera fue la Columna de “Laureano” que salió primero y entró a la profundidad hasta el río “La Pita1”, cerca del Ostayo, donde llevó a cabo una emboscada fulminante que cortó de tajo los refuerzos enemigos; le siguió de cerca la columna de “Roger” que cumplió la misión de atacar y tomarse Sapoá; después partió la columna de “Benito” que llevaba  la misión de atacar y tomar Peñas Blancas, pero que por circunstancias del fuego artillero tuvo que bordear el objetivo y avanzar hasta Sapoá; de ahí siguió la Columna de Baltazar que por lo antes dicho, le tocó tomarse Peñas Blancas y consolidar dicha plaza, y en la retaguardia, a la altura de Las Vueltas, seguían las columnas de “Jerónimo” y “Fernando”, las que en un primer momento aseguraron el área de importantes unidades ubicadas en retaguardia: el Puesto de Mando, el “Batallón Artillero”, el puesto médico, el tren de guerra y los abastos. En el transcurso de la contienda las distintas columnas se desplazaron en distintas direcciones, según las exigencias de la guerra, más el limite donde se fijó la “tierra de nadie” fue el río Ostayo hacia el norte, y por el oeste las altas colinas de Sotacaballo, buscando el cerro La Zopilotera, el río Jabillo y la quebrada El Plátano.

La guerra en el Frente Sur tuvo algunas particularidades que solo ahí se presentaron: una de ellas fue que entre el Frente Sur y la Guardia somocista no se interponía población civil alguna, sino que eran dos ejércitos cara a cara, enfrentados en duelo a muerte de vencer o morir; en el Sur (excepto Rivas), no habían de por medio ciudades, ni ninguna clase de edificaciones urbanas como en las ciudades, ya que solo habían lomas y lomas, potreros, en parte montaña, ríos por aquí y por allá, cielo abierto, a veces preñado de tormentas y hacia el este, la vastedad del gran lago Cocibolca; en cuanto a Peñas Blancas y Sapoá, estas poblaciones fueron evacuadas totalmente; tampoco y por la misma razón, habían milicianos ni barricadas, solo trincheras, nidos de ametralladoras, “bunker” en la tierra, minas, muertos, sangre derramada, oquedades cratéricas por las grandes explosiones y senderos de tropa; si alguien se movía por ahí agazapado, era un “compa” con su Fal bala en boca o un “chigüín” con su Galil puesto en ráfaga.

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Otra diferencia importante es que sólo en el Frente Sur la guardia utilizó por primera vez artillería reactiva o sea unidades móviles de lanza cohetes múltiples, montados en plataformas especiales, mejor conocidas como “Yarará III” con capacidad de lanzar 42 cohetes, lo que da una idea de las dimensiones que adquirió la guerra en el Frente Sur. Estas unidades de gran poder destructivo fueron armadas por técnicos israelíes tras su llegada al país, en las cercanías del “Bunker” de la Loma de Tiscapa y de ahí fueron trasladadas al Ostional para dispararlas contra la “Colina 155” y El Naranjo, bajo las órdenes del coronel Enrique Jacobi. De haberse usado este tipo de armamento en las ciudades, hubiese sido un verdadero apocalipsis para la población civil. De igual forma solo en el Frente Sur, la guardia uso baterías de cañones de gran calibre y alcance,como los cañones Howitzer de 105 y 120 mm., así como cañones sin retroceso de 57mm.

Otra singularidad que tuvo el Frente Sur, fue la participación en sus filas de numerosos internacionalistas de diversas partes del mundo, lo que lo convirtió a dicho frente en la mayor expresión del internacionalismo y la solidaridad internacional con la lucha del pueblo nicaragüense. Y es que en las filas del Frente Sur había  combatientes de Costa Rica, Panamá, Honduras, El Salvador, Guatemala, México, EUA., Cuba, Puerto Rico, Colombia, Venezuela, Brasil, Ecuador, Bolivia, Uruguay, Argentina y Chile, España, Portugal, Francia, Alemania y Suiza y no  pocos cayeron en nuestro suelo o resultaron heridos. En este ámbito se destacaron las brigadas “Victoriano Lorenzo” de Panamá; la Brigada “Carlos Luis Fallas” de Costa Rica; y el “Batallón Chile” o “Brigada Chilena”, así como otras brigadas más pequeñas de Argentina, Uruguay y otros países.

Otro rasgo distintivo del Frente Sur fue su capacidad de articular una vasta retaguardia estratégica, que entre otras cosas le permitió, además de adiestrar y desarrollar sus fuerzas militares, establecer dos cosas que fueron de mucha importancia en la lucha contra el somocismo: la Radio Sandino, que operó para todo el país desde el sur y su pequeña Fuerza Aérea. La Radio Sandino tuvo cobertura nacional y su rol propagandístico, informativo y orientador fue de primer orden en la lucha contra el somocismo y en cuanto a su Fuerza Aérea, esta brindó invaluable apoyo logístico a los demás frentes, con abastecimiento de armas y municiones, destacándose en esas intrépidas misiones, pilotos como “el Topo”, Samuel Granera, Modesto E. Rojas Berríos y Armengol Lara, quien se incorporó al final. A parte de ello tuvo también hubo una pequeña fábrica de minas vietnamitas y explosivos.
El rol del Frente Sur en la Ofensiva Final del 1979, sin detrimento del papel que jugaron los demás frentes de guerra, así como los combatientes populares y la población insurrecta que se alzó contra Somoza, fue determinante para alcanzar la victoria del 19 de julio de 1979, como también lo sería para defender la naciente revolución ya que de su seno surgieron las primeras estructuras organizativas del nuevo ejército de Nicaragua. En definitiva, la victoriosa ofensiva que encabezó el Frente Sur se tradujo, junto al accionar de los otros frentes, en el triunfo del 19 de julio y su nombre quedará inscrito en la historia como el Frente de la Victoria, ya que sin su participación la historia hubiese sido otra.