Día: 11 marzo, 2013

Karadima y encubrimiento de Cardenal Errázuriz

Somos James Hamilton, José Andrés Murillo y Juan Carlos Cruz, seguramente has escuchado nuestro caso. Hemos sido víctima de los abusos del obispo Fernando Karadima, lo cual marcó para siempre nuestras vidas. Acusamos al obispo Karadima de abuso sexual, quién fué declarado culpable por el Vaticano y la Justicia Penal Chilena. Finalmente fué sentenciado a retiro y se salvó de la cárcel por prescripción del delito. Lo que seguramente no sabes es que el Cardenal Francisco Javier Errázuriz, encubrió los atrocidades de Karadima hasta que se hicieron públicas. En 2003 el cardenal Errázuriz recibió denuncias sobre los abusos de Karadima y, tras dos años sin pesquisar más antecedentes, decidió cerrar la investigación. En los próximos días se llevará a cabo el cónclave en el cual se elegirá al líder de la Iglesia Católica en el mundo. En esta reunión participarán los cardenales correspondientes a cada país, entre ellos Errázuriz. ¿Permitirías que represente a la Iglesia chilena un encubridor de pederastas? Errázuriz no tiene calidad moral para asistir. Si permitimos que haya personas entre aquellos que eligen al nuevo pontífice, que sean cómplice de abusos sexuales, estaremos creando estructuralmente una Iglesia que es abusadora. Recientemente, el Cardenal británico Keith O ´Brien, también involucrado en un caso similar, renunció a su cargo por “conductas inapropiadas”, y no irá al cónclave. Este es un ejemplo de cómo la presión pública puede tener grandes...

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"Obra gruesa”. Nicanor Parra

por Alone. Antes de aparecer en un tomo compacto, esta “obra gruesa” de Parra había ido floreciendo a gajos menudos, volanderos, con un aire juguetón de liviana importancia que impedía abarcarlos, pesarlos y medirlos. Al presentarse de golpe y en mesa ¿se podría decir que han ganado? Lo creemos dudoso. La sucesión y el conjunto ponen de relieve algo que antes, disperso, no se percibía, con igual relieve el procedimiento, la técnica, casi diríamos la mecánica de los antipoemas. Si contamos el “contraste inesperado y violento”, el choque continuo de una línea poética con otra prosaica, el detalle fino, patético, angustioso junto a la salida chocarrera, hecha para espantar, la verdad casi tenemos agotada la lista de los recursos expresivos que amarran esta “obra gruesa”. Lo demás es cuestión de números. Es decir, de cerebro. El cerebro nunca está ausente o siquiera adormecido en la poesía de Parra. Como se sabe, enseña matemáticas. Esta ciencia acompasada lo conduce a la repetición de ciertos ritmos y, por ahí, irresistiblemente, a la danza, al zapateo, al golpe isócrono. El baile desempeña un papel importantísimo en su inspiración poética. Pero no lo embriaga ni le incita a soñar. A lo sumo, le permite el delirio lúcido de intención sarcástica. El antipoema tiene la extraña humorística, a menudo un tanto feroz y dentellada. Le gustaría morder, pero la prisa no lo deja. “Qué...

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