Por Kjesed Faundes

Cobertura especial “Cielos del Infinito”.
el festival de teatro más austral del fin del mundo.

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Punta Arenas. Días con sol y poco viento, algo así como 50 kilometros por hora. Raro para los magallánicos. Amanece a las 4 y media de la mañana y el sol se pone a cerca de la medianoche.
La gente dice sí sí y no no y, aunque parece hosca cuando camina por el Centro, apenas uno les mete conversa se vuelven muy amables.
Besé la pata brillante del indio y conocí los árboles redondos del hermoso cementerio de Sara Brown. No me dió para comer choripán con leche con plátano en el Kioskito Roca ( “La Picá de Chile”), pero me tomé un calafate sour y metí los pies en el Estrecho de Magallanes.
Estoy en la ciudad más austral del mundo para colaborar con el festival de teatro “Cielos del infinito”, uno de los eventos más importantes del país que en sólo 6 años ha cumplido su principal objetivo a cabalidad: descentralizar la cultura y generar un espacio importante para la circulación de trabajos artísticos, destacándose incluso a nivel iberoamericano.
Conocer la Patagonia es un sueño para muchos, en todo el mundo. Y lo es también para los artistas que soñamos con llevar nuestro trabajo a todos los rincones  del planeta. Ppero acceder a ella es caro. Por eso la posibilidad de participar en “Cielos del Infinito” despierta una gran curiosidad, ya que además su producción goza de una excelente reputación.
Los magallánicos son magallánicos de corazón, ni si quiera patagones (literalmente, gente “de patas grandes”), magallánicos. Hinchas de su viento, de su lluvia, de su clima impredecible, de sus amaneceres por el mar; están molestos con la gente mala del norte debido, entre otros, a su aislamiento geopolítico y a desafortunados comentarios de diputados que dicen que Chile llega hasta Puerto Montt. Esto es un extremo, frío, diferente,  con el océano al este y una altísima tasa de suicidios. Y es en este aislamiento donde nace el festival más austral del mundo.

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Para y por Magallanes.
Liderado por jóvenes 4 magallánicos, este festival no se escapa del amor territorial que sienten los magallánicos por su tierra. Con un staff en su mayoría patagón, el festival nace para y por descentralizar la cultura en una zona donde con la llegada de 13 compañías durante las dos semanas que dura el festival, se triplica la oferta cultural de todo el año. Obras de diversa factura, género y contenido, que tienen en común el denominador absolutamente subjetivo de ser simplemente “obras super buenas”, curatoría que sin duda es la mejor opción a la hora de formar audiencias.  Obras de buena factura, que dicen algo, con rollo social y buenas actuaciones y textos. Ese teatro que sorprende y motiva a repetir la experiencia: el teatro bueno.
Este año hay una novedad importante: no será 100% gratis. No recibieron recursos del Gobierno regional y para financiar esa merma, deberán cobrar entradas. Precios módicos por cierto, pero que de igual modo crean cierta resistencia en el público que entiende esta falta de apoyo como un gesto más de aislamiento de parte del gobierno.
Antes de que se les ocurriera gestionar “Cielos del Infinito” a la ciudad más austral del mundo sólo llegaban obras comerciales, de esas con rostrillos de tv que hacen monologar algún genital. Pocas y carísimas,  del orden de 16 dólares las entradas más baratas. Tampoco existía mucha formación artística o talleres permanentes, por lo que la inquietud y la necesidad de un mejor desarrollo cultural fueron imperiosas desde la adolescencia de sus gestores.
Antonio Altamirano nos cuenta que conoció a Luis Guenel en Santiago, y que debido a esa carencia cultural, decidieron armar el proyecto para y por los magallánicos. Su fin es netamente altruista, su medio de efectuar la producción es la colaboración y, como enamorados de su mágica tierra, están dispuestos a seguir trabajando para transformar a Magallanes en un polo cultural que brinde un escenario destacado para la circulación de trabajos y cree otra vitrina para la exportación del teatro chileno, con el telón de fondo del Estrecho de Magallanes. La otra vitrina existente es Santiago a Mil, un modelo monopólico que critican (yo también) porque aparece como el único referente exitoso de un festival internacional y sienta los precedentes con las que se rigen las políticas públicas en materias de cultura.
Le pido a Antonio que haga una autocrítica. Se ríe.
Me dice que aún siguen pensando como si sólo estuvieran en Punta Arenas en vez de asumir que  han crecido mucho y que por la naturaleza itinerante del festival, abarcan 3 ciudades más y se quedan cortos en recursos humanos. Depender del odioso financiamiento concursable les trae problemas en la producción, ya que no sólo no tienen aún la capacidad de gestionar recursos de manera independiente (¿Quién sí además de los mega monstruos sagrados del teatro chileno?) si no que además las fechas en que esos fondos se entregan son demasiado encima de las fechas del festival, lo que encarece aún más el proyecto. Y en tercer lugar, ninguno del staff sabe hablar inglés y se están perdiendo mercados.
Me pongo la camiseta y empezamos con todo a trabajar. Es mucha la pega y tratamos de mantener la tranquilidad ante todo. Ese es el mensaje que reina en la pizarra de la oficina que ocupamos en el remodelado teatro municipal de Punta Arenas, remodelación a la chilena que no permite vender entradas en la boletería, no tiene internet y cuyas instalaciones técnicas y equipos chinos  les hincha las pelotas a los amigos de la Adtres (atentos que mi voto para El Mr. Infinito está ahí).
“Cielos del infinito” trabaja con amigos, profesionales conocidos que hacen bien su pega y son proactivos. A ellos se suma el noble equipo de voluntarios que se pegan hasta 15 piques al día al aeropuerto o caminan durante horas haciendo puerta a puerta (el más pequeño, Benjamín, tiene 12 años y ha participado las 6 versiones), los pololos, la familia, los conocidos, los pitutitos de por ahí, el amigo del amigo, el contador y un montón de teléfonos celulares.  Todos los días vamos a comer a la casa de la Tia Paty, la mamá de Luis Guenel, una mujer que cocina de manera extraordinaria y que le regala al festival su buena mesa, y luego seguimos trabajando. No hay descanso y colaboración se torna una palabra importante.
Los cabros son pillos. Ocupan las platas del Estado para hacer lo que ellos quieren, como debería ser. El problema está en que el Estado descansa en eso, en que otros hagan la pega que tienen que hacer ellos también como funcionarios públicos y ahí estamos Cielos del Infinito, Soloteatro y varios otros festivales  y proyectos que nacen de necesidades que el Estado no asume y que financia apenas a través de concursillos burocráticos…
Sin embargo, como decía el sr. Burbage “Its a miracle”, todo se logra como un milagro.

Me pregunto hacia donde crece “Cielos del Infinito”….
Después de un intenso día de perifoneo, entrevistas y puerta a puerta, llega la hora de la verdad. Qué es para Punta Arenas “Cielos del Infinito”. De a poco comienza a hacerse una larga fila a las afueras del gimnasio 18 de septiembre para ver “Eres tú nosotros”, un espectáculo danés que mezcla danza, circo y teatro.
La instalación quedó perfecta, la obra es conmovedora y los más de 200 asistentes a la primera función del festival (hubo una obra infantil antes, también notable, pero quiero hablar de los espectáculos  grandotes) llegaron a la hora, apagaron el celular, se quedaron en silencio, intervinieron cuando les dió la gana, lo pasaron bien, se entretuvieron, sorprendieron y aplaudieron con estrépito. La gente sale contenta y quiere repetirse el plato, el punto de venta de entradas se llena y yo casi me pongo a llorar.
Entiendo porqué  este festival es de los top. El joven equipo tras él mezcla lo mejor de la experiencia institucional con la calidez de encuentros populares. Idean un modelo muy eficiente de gestión y producción y logran que el teatro encante a su tierra, formando espectadores sin el modelo educativo de una charla que explica las obras, si no con el goce de la experiencia misma, con mayor humanidad. Hacer un festival es, además de un tremendo gesto político y un esfuerzo sobrehumano, la recreación más fiel del ritual que dio origen al teatro, esa bacanal necesaria en un mundo apolíneo donde la gente espera ansiosa, año a año, encontrarse con la imagen de sí misma. Es una manera de crecer como comunidad y una oportunidad de mejorar como sociedad.
Justo cuando empieza lo bueno debo devolverme. Me voy profundamente agradecida y emocionada con la titánica tarea que realiza al hacer patria con el arte, por  el arte y para el arte; para y por Magallanes y me siento feliz de haber podido colaborar durante estos primeros 7 días de festival. Tengo la sensación de que me perderé los entretelones del back stage y el éxito de público que sin duda, pese al cobro, armará enormes filas esperando  ansiosos ver buen teatro.

No me queda más que darles las gracias infinitas por confiar en mí y desearles la mejor de las mierdas para que esta semana sea todo un éxito, esperando que la tradición de besarle la pata al Indio me lleve el próximo verano de vuelta a los cielos del infinito.

www.festivalcielosdelinfinito.cl