No tengo fuerzas para rendirme

Aquel poeta madrileño de la cosecha del 84 que creció alimentado por las flores transparentes de Internet y con la desastrosa globalización como el gran (des)avance cultural -véase un Mc Donald en mitad del Tibet- ahora comienza este febrero de 2013 algo descolocado y mudo de los dos ojos al contemplar cómo crece imparable la estatua asquerosamente metálica de Los Mercados Mandan, Los Gobiernos Obedecen. Suenan los despertadores del mundo y como quien se sienta a leer el Libro De Las Tempestades en mitad de un desierto de polvo, así amanece él, lleno de vacío impuro bajo este entramado...

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