ENTREVISTA A ARMANDO ALARCON

 

Por Rodrigo Ramos

Una vez que los jugadores ven el camarín impregnado de faramalla triunfalista, se toman la cabeza. El martes 30 de noviembre de 1982, medio Chile pensaba que Cobreloa se transformaría en el primer campeón chileno de la Copa Libertadores. El equipo de Calama igualó de visita ante Peñarol en Montevideo, y ahora se jugaba en el estadio Nacional. Todo estaba dado para un triunfo. Sin embargo los jugadores no parecen convencidos; saben que al frente hay un gran rival: Peñarol mantiene uno de los equipos más brillantes de su historia con Fernando Morena a la cabeza. Lo segundo era soportar la presión del cotillón.

Armando Alarcón entra esa noche de titular. Juega de volante defensivo con la determinación de recuperar pelotas. El primer tiempo es trabado y de algún modo, denota los nervios del equipo. La segunda parte se caracteriza por la fuerza y enredos;  hasta que al minuto 89 sucede la calamidad.

Desde su casa en la calle O’Higgins, en Taltal, el ahora calvo Alarcón recuerda que Hugo Tabilo, lateral del equipo naranja, arrastraba problemas físicos y debía ser reemplazado. De esa manera  nuestro entrevistado no alcanza a cubrir las posiciones. El  uruguayo Venancio Ramos centra desde la derecha y  provoca el gol más espantoso en la carrera de Alarcón.  Morena pone el  punto final al sueño de Cobreloa y el país. Las camisetas con la leyenda “Cobreloa campeón de la Libertadores 1982” son sepultadas.

Debut goleador

Este señor, que hoy bordea los 60 años, 5 hijos, conserva una foto y un galvano de la gloriosa época de Cobreloa doble finalista de la Libertadores los años 81 y 82. Aclara, medio risueño, que no atesora nada de esos años; por esto descarta la foto con alguna antigua camiseta, esas Adidas de cuello en triángulo.  Todo lo de ese tiempo, dice, lo regaló a sus amigos.  En la ciudad del congrio colorado y donde no habitan más de 10 mil habitantes, Armando Alarcón es considerado un rey del balompié; el mejor de todos.

El vecino Omar Acosta, por ejemplo, recuerda en el fulgor del Cobreloa ochentero, los taltalinos recibían a Alarcón como un héroe. Su casa se llenaba. Alarcón salía a saludar a todos.

El señor futbolista, que hoy está medio resfriado, hace un alto en la conversión y recuerda sus inicios. El hombre pasa por todas las selecciones de fútbol infantil de Taltal, hasta que decanta en Calama. La situación económica de su familia no es la mejor y por esta razón decide instalarse en Chuquicamata. El fútbol lo lleva a Codelco.  Juega por Chuquicamata de delantero y volante por la derecha. Sin embargo la irrupción de Cobreloa en el fútbol profesional cambia su destino.

En 1977, Alarcón es invitado junto a otros jugadores, a integrarse a prueba en el plantel de Cobreloa. Era del perraje, dice, en comparación al uruguayo Luis Garisto.

Juan Facuse, gerente de Cobreloa en la época, le exige una decisión. Opta por el fútbol, en desmedro de seguir en Codelco.

Alarcón no parece equivocado. En el partido debut por la segunda división, Armando  le marca el primer gol a Antofagasta; transformándose la diana como la primera de Cobreloa en el profesionalismo. Alaracón pasa a la historia

Soto  y Flamengo

Contra el mítico Flamengo de Zico fue la primera final de Cobreloa por la Copa Libertadores en 1981. El equipo dirigido por Vicente Cantatore era un perfecto desconocido en estas lides, sin embargo después de fases brillantes donde vence a Peñarol y Nacional en Montevideo, da la sorpresa. En la primera final jugada en el Maracaná, Cobreloa cae ante Flamengo por 2 goles a 1. Luego el equipo naranja vence en la revancha en Santiago con un tiro libre de Merello.

El partido definitivo en  Montevideo se disputa un 23 de noviembre de 1981. Cobreloa pierde 2 a 0; no obstante en la retina está la vehemencia de los jugadores.

Hace una semanas y después hace 30 años,  Zico acusó a Mario Soto de jugar con una piedra en la mano. Alarcón descarta lo de la piedra, pero reconoce que el defensa le pegó bastante a Adilio, el delantero del “Fla”.

De esa manera Soto frenó al brasileño, el problema que también estaba Zico en su mejor momento.

Con el rostro alegre, Alarcón recuerda que en ese partido Soto mordió algunas orejas a los brasileños; había que frenarlos de algún modo, se excusa Alarcón.

-¿Había más trampa en el fútbol de esa época?

-igual que ahora, la diferencia era que los árbitros dejaban jugar más o hacían la vista gorda.

Flamengo envía a la cancha a un jugador, Anselmo, sólo a golpear a Soto.  Dice que cuando le pegan a Mario, todos se salen de las casillas.

Después de un silencio pues recuerda al fallecido delantero Juan “Roly” Núñez –que jugó ese partido-, afirma que Cobreloa tuvo la mala fortuna de disputar las finales ante los mejores equipos de la época.

En este sentido reconoce que Peñarol de 1982 era mejor equipo que Flamengo de 1981. Explica que Flamengo tenía más luces, pero Peñorol era un equipo más táctico, ordenado y con grandes jugadores como Fernando Morena.

Selección chilena

Armando una vez reconoció que prefería jugar en Cobreloa que la selección chilena.

Alarcón es convocado a la preselección para el Mundial de España 82. Hace una gira a Europa, donde no juega demasiado.

Al parecer, el entrenador Luis Santibañez tiene otro equipo en mente y decide por otros jugadores para la justa del verano europeo. En la posición de Alarcón, por ejemplo, Santibañez opta por Rodolfo Dubó.

De Cobreloa, el mejor equipo del momento, convoca a Oscar Wirth, Mario Soto, Juan  Carlos Letelier y Enzo Escobar. Quedan fuera de la roja: Hugo Tabilo, Víctor Merello, Rubén Gómez y Héctor Puebla.

A pesar de los años y dada la horripilante campaña de Chile en ese mundial, Alarcón afirma que Cobreloa debió asistir a España reforzado por otros jugadores.

A su juicio, Brasil era el Flamengo de Zico reforzado; Chile, entonces, tendría que haber sido Cobreloa reforzado. Sólo era insertar algunos jugadores a la mecánica de juego, sin embargo Santibañez decide mal.

Alarcón no vuelve a tener otra oportunidad en alguna selección.

Patas de fierro

Hay un cliché futbolístico que Alarcón, dice a la hora de recordar las finales fracasadas en la Libertadores: las penas del fútbol se pasan con fútbol.

Armando Alarcón continúa  en Cobreloa de titular como volante de contención durante toda la década del 80.  El también conocido como “papa frita” logra los títulos nacionales de 1985 y 1988, al que suma los obtenidos en 1980 y 1982.

Como jugador ganó fama de duro.  Para graficar su juego, el futbolista recuerda una anécdota con un jugador de Unión Española de apellido Crespo. Ambos van a un balón dividido y chocan la tibia. El dolor es intenso, sin embargo ninguno de los dos desea demostrarlo. Armando Alarcón no hace ninguna mueca; Crespo, por su parte, tampoco sin embargo a los minutos el hombre se cae al suelo. Alarcón sigue en pie.

Una vez que termina el partido, Crespo se la acerca a Alarcón, y le dice que tiene las “patas de fierro”.

Tras jugar 12 años en Cobreloa de manera ininterrumpida con 400 partidos, el taltalino decide retirarse y regresar a su ciudad de origen.

En Taltal continúa ligado al fútbol como entrenador de infantiles. Con Quemel Farías, otro cobreloíno, desarrollan un trabajo que hasta hoy es recordado en esa ciudad.

Hoy, Armando está dedicado a sus negocios y la familia. Aclara que no juega pichangas, sin embargo ve bastante fútbol por televisión. Sigue la campaña de Cobreloa y la selección chilena.

Hace poco dice que se juntó con Mario Soto en Taltal. Dice que los ex cobreloinos se juntan de repente. Hacen asados y dialogan del pasado.

Afirma que la mayoría concuerda que si hubiera podido disputar una tercera final de la Libertadores la habrían ganado.