Valientes y pusilánimes
Por Zucchero

Ha terminado la Feria del libro de Santiago y curiosamente el rey de esta actividad literaria no fue un escritor sino un político. Rafael Correa, el Presidente de Ecuador fue su majestad. A pocos metros,  y con capa negra de satín al viento, Pedro Lemebel.
Los héroes. Se vienen los Superhéroes.
Si Chávez es El llanero Solitario, Rafael Correa es Indio. Pero no desmerezcamos: en una guerra de personajes Indio podría asumir un rol protagónico.
Correa tiene desplante, inteligencia y simpatía. Sí, él podría ser el John F.  Kennedy de Sudamérica y también de Unasur. Sueldos mínimos iguales para todos los países y royalties similares  para las transnacionales. Correa no es tonto y sabe luchar por su pueblo. Con José María Sanguinetti corren con ventaja ante espectros como Piñera, Humala o una criticada Cristina K.
El Presidente de Ecuador sigue agigantándose ante el telón sostenido por un continente emergente. ¿Por qué seguir siendo pobres regalando nuestros países?, parecen preguntarse en Unasur. Y es cierto ¿Por qué seguir siéndolos?
Mientras Europa se cae a pedazos y la gente sólo encuentra  una solución en el suicidio América Látina busca crecer y detener las regalías a las transnacionales.

Correa se pasea entre los pasillos de la Feria del libro de Santiago como un ciudadano más. Sin grandes privilegios, con unos guardaespaldas de lo más respetuosos,  quienes acceden ante nuestras peticiones fotográficas. Buen público en su charla donde saca aplausos espontáneos cuando dice una o dos verdades sobre las injusticias y el aprovechamiento de intereses extranjeros rapiñadores. Un grupo de  bailarines negros escucha atentamente sus palabras y sonríe. El compatriota común y corriente de Rafael Correa sabe que su Presidente va a velar por los trabajadores y sus familias con lealtad.


La nostalgia vuelve tras nuestros pasos. Nosotros también admiramos la lealtad de otro Presidente allá por el 73. Con la diferencia de que Allende está muerto y Correa vivito y coleando con su risa socarrona que retumba por los cuatro costados de la Estación Mapocho. Los músicos están felices y los bailarines también. Correa canta  y eso le da crédito. Luis Alberto Bravo es a la poesía lo que Correa es a la política. Pero Correa no se cree el cuento del tío y sigue trabajando. Correa es Aguinaga en sus buenos tiempos: los tiempos y el balón los controla él a la perfección,  cual volante creativo.
El economista, reelecto por otros tres años,  trabaja las 24 horas. Hasta cuándo duerme sigue trabajando con sus sueños que al otro día lleva a la realidad. Correa sueña con un país donde sus habitantes tengan bienestar. Y poco a poco lo ha conseguido pese al ningueneo y desaire de los políticos conservadores neoliberales. Quieren convertirlo en lo que justamente son: unos payasos ridículos y locos que caricaturizan los malos tiempos que vivimos. Pusilánimes, el cargo les quedó grande cediendo al dinero en un trueque escandaloso. Patria por dólares.

¿Quién quiere ser el héroe de América Látina? … Correa lidera desde el Guayas.