Gestos que enseñan

 

Por Pancha Remolino

Sospecho que Camila Vallejos no vendrá.

A quince minutos de que comience la presentación de la revista  “Debates en el aula n°2” de Editorial Arcis, soy la primera  en llegar. No veo el acostumbrado enjambre de periodistas que acosan a la rock star estudiantil y no hay cóctel, signo inequívoco de que la cosa no es tan glamorosa.

Poco a poco la gente comienza a arribar. No son intelectuales vestidos de café,  si no personas comunes y corrientes que asisten con la esperanza de escuchar a la musa de Botticelli seguir cuestionando el sistema que tanto les molesta a través de la educación chilena;  una líder carismática, bonita e inteligente que nos interpela en nuestro inconformismo y que fue uno de los ganchos mediáticos para promocionar el día de la mujer en la FILSA.

Llegan los alumnos del profesor Jorge Rivas – el presentador de la revista-  quién los saluda cariñosamente y en secreto confiesa que los invitó para que el lanzamiento no estuviera tan vacío como el del primer número de la revista. Confirmo así que Camila Vallejos no vendrá.

En primera fila -cámara en mano por si las moscas-  junto a mí  se sienta uno de esos temibles personajes de buses con los que ruegas no encontrarte cuando te enfrentas a tu compañero de asiento: la señora que quiere conversar. Digno de noche de brujas.  Me cuenta su vida, su Halloween, su domingo electoral, me mira como esperando más respuestas que mi sonrisa piadosa,  me pregunta por la dirigente estudiantil Eloísa González, por la gente que no votó, me cuenta animada y expectante que viene Camila Vallejos, que viene en camino, que está por llegar, que ella tiene un amigo que es PPD  y en ese preciso momento, reconfirmo con certeza que Camila Vallejos no vendrá,  pues además hay sólo cuatro sillas dispuestas  y ya están todas ocupadas.

La sala llena. Al menos el anuncio de que Camila hablaría en esta ponencia fue una buena estrategia de marketing.

El profesor Rivas tiene onda. Habla bien, presenta bien, tiene la camiseta puesta por su liceo puentealtino y es de los profes comprometidos con el movimiento. La primera en hablar es la eminencia de apellido ruso, que con tremendas frases de Ranciere, plantea la pregunta fundamental del malestar que se expresa con la excusa de la educación gratuita y de calidad: cómo ser antisistema dentro del sistema.

Luego habló el “intelectual hermenéutico”, un profesor de amplio curriculum candidato a magister en no sé qué, que no preparó su discurso, habló de la tekné educacional y no calentó a nadie porque se notó que  fue el remplazo de Camila Vallejos.

Tras la academia, el pueblo. Eloísa es la vocera colorina de la ACES (Asamblea Coordinadora de Estudiantes Secundarios), la que asumió su lesbianismo como una decisión política en el marco del movimiento estudiantil. Franca, concreta, de mirada dura… Empoderada del tema educacional habló del movimiento secundario,  de cómo éste se transformó de consigna a ideología, de cómo han entendido  la importancia de apropiarse de los espacios y de cómo han asumido una actitud propositiva desde el poder comunitario. De la revista casi no dijo nada, pero el sólo hecho de ser una voz estudiantil y representar la lucha con convicciones y palabras sinceras, pareció impresionar a la audiencia y compensarla por la ausencia de la compañera Vallejos.

En general, de la revista sólo habló el profesor Rivas. El resto de los invitados reflexionaron en torno a la educación y a la coyuntura socio-política del momento, ennobleciendo el oficio del pedagogo en el aula y aspirando convertir la educación en ese espacio de libertad, reflexión y sueños comunes que harán algún día de este mundo un lugar mejor.

Sin embargo, la gente iba a ver a Camila Vallejos. Y se notó tanto, que al abrir la ronda de preguntas nadie tenía más cuestionamientos que hacer que la tácita pregunta de porqué no había asistido la emblemática líder. Por supuesto,  nadie se atrevió a hacerla, y como hubo un rotundo silencio, siguieron hablando de la importancia de politizar las escuelas, de debatir y de conversar.

En una sociedad que no hace preguntas, ¿cómo la revista invita a debatir? pregunté. Pero tras las risas del público el tiempo apremió y la respuesta se limitó a un nervioso “les regalaremos la revista y esperaremos que eso lo descubran ustedes…. Gracias”. Dicho eso, la multitud se abalanzó sobre los ejemplares a dos colores y “la señora que quería conversar” me miró con esa cara de orgullo que ponen las madres cuando sus hijos hacen algo bien.

Entre tanto discurso por mejorar la educación, bien valdría la pena detenerse en los detallitos y los gestos que enseñan, que etimológicamente significa “llenar de señas” o “señalar el camino”. Frente a tamaña expectativa, un buen primer gesto hubiera sido disculpar ante los fans la ausencia de miss Vallejos y comenzar el debate sobre la buena educación predicando con la práctica.