Espagueti con albóndiga

Santullo encendió su escuálido cigarro. Sentado en un sillón marrón desvencijado en la acera de una calle tranquila del Bronx. Rodeado del resto de sus muebles amontonados en la acera. Había unas cuantas sillas más; algunas mesas grandes y pequeñas; una gran cómoda con una radio encima; la estructura y el somier de una cama de matrimonio; un aparador; un sofá mullido; una foto grande en sepia de un joven Santullo, pulcro y flaco como un lobo; un buró de persiana; una sombrilla de playa plegada; varias cajas marrones. El reloj sobre el aparador marcaba las diez y cinco....

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