Flesh for fantasy
Cuando en primavera Fernanda, una valdiviana que había ingresado a estudiar periodismo en una universidad privada de Santiago, contó a sus compañeras que estaba “trabajando” en un night club de Vitacura todas se quedaron boquiabiertas. No sabían qué decir. La muchacha durante sus primeros meses había obtenido ventajosas calificaciones y se advertía esforzada e inteligente. ¿Era cierto? ¿No era una broma? ¿Se prostituía? Por suerte todas sus compañeras eran maduras y no existía una moral restrictiva. Alguien dijo que la apoyaba, que lo único que le pedía era que se cuidara, que no hiciera estupideces como emborracharse o tomar...
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