Día: 15 julio, 2009

Lilli Marleen

La ampolleta de pronto perdió fuerza. Pero fue sólo un segundo. Algunos la miraron un instante. Luego siguieron conversando de fútbol, del futuro, y de la última película pornográfica que entre penumbras observaron desde sus literas la noche anterior. Fue entonces cuando entró el sargento Polanco. Todos se pusieron firmes. “Buenas tardes, mi sargento” tronó en la habitación. Los soldados lo miraron a los ojos, pero ante la fuerza y el odio que desprendía, luego la desviaron. Siempre era así, y era mejor. – i Sentarse ! – masculló Polanco. Continuaron hablando, pero ahora tenían que simular limpiar los...

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El autógrafo de Johann Cruyff

-¿Crees que te amo? -Sí. -¿Crees que te daría lo mejor? -Sí. -Te amo; pero también te odio. -Yo también. En aquellos Johann Cruyff era el mejor futbolista del mundo y Caroline mi madre, aunque a ella no sé catalogarla como buena o mala. Sólo era mi madre y ante ello no tenía alternativa. A ella no le gustaba el fútbol, pero había muchas cosas que no le gustaban y que tal vez terminaron hundiéndola. La recuerdo como una mujer de unos 30 años, con el pelo negro, los ojos verdes, y la sonrisa a flor de labios. Cruyff sólo era opacado por Beckembauer. Mi madre no era opacada por nadie pues yo tenía contacto con pocas personas, de las cuales casi todos eran adultos, algunos más locos que otros. Vivíamos en Alicante, en el extremo sur de España y “El Holandés Volador” jugaba en el Barcelona, quien lo había comprado en la cifra más millonaria de aquellos inolvidables años 70. Otra cosa: España estaba bajo el mandato de Franco, pero ya estaba viejo y el “destape” se empezaba a advertir. No era mucho, pero según entendía, las discotecas se cerraban más tarde y varias revistas mostraban mujeres desnudas en sus páginas interiores. Además había atentados de la ETA, manifestaciones, y programas chistosos con la Rafaela Carra y un cómico bigotudo que se apodaba inteligentemente Bigote Arrocet, quien había...

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